Mi hijo tiene TDAH y se le hace difícil hacer amigos: ¿cómo puedo ayudarlo?
Priscilla Rodriguez, MS, ECMHC
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Por Priscilla Rodriguez, M.S., IMH-E®
Especialista en Primera Infancia y Familias | Enfoque informado por trauma
Para muchos padres puede ser difícil observar que su hijo quiere tener amigos, pero parece no saber cómo acercarse, mantener una conversación, compartir el espacio con otros niños o conservar una amistad.
Quizás escuchas comentarios como:
- "Interrumpe demasiado."
- "Quiere controlar el juego."
- "Solo habla de lo que le interesa."
- "Se molesta cuando los otros niños quieren hacer algo diferente."
- "Hace amigos, pero después tiene problemas para mantenerlos."
Antes de asumir que el niño es "mandón", "egoísta", "inmaduro" o que simplemente "no sabe socializar", es importante mirar un poco más profundo.
En algunos niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), estas conductas pueden estar relacionadas con el desarrollo de las funciones ejecutivas sociales: habilidades que ayudan al cerebro a detenerse, observar lo que está ocurriendo, considerar la perspectiva de otra persona, adaptarse al contexto y decidir cómo responder.
No siempre es falta de interés: puede ser una habilidad que todavía está desarrollándose
Las relaciones sociales requieren muchísimo trabajo cerebral.
Mientras un niño juega o conversa, su cerebro necesita prestar atención a las palabras, el tono de voz, las expresiones faciales, lo que está ocurriendo alrededor, sus propias emociones y las respuestas de los demás.
Además, tiene que preguntarse —aunque muchas veces lo hacemos automáticamente—:
- ¿Qué está sintiendo la otra persona?
- ¿Estoy hablando demasiado?
- ¿Es momento de escuchar?
- ¿Mi amigo todavía quiere jugar esto?
- ¿Cómo puedo decir lo que quiero sin controlar el juego?
- ¿Tengo que cambiar mi plan?
Para un niño con dificultades en atención, impulsividad, autorregulación o flexibilidad cognitiva, procesar toda esta información al mismo tiempo puede ser complicado.
Por eso, en lugar de pensar solamente:
"Mi hijo tiene malas habilidades sociales"
podemos comenzar preguntándonos:
"¿Qué habilidad necesita que le enseñemos de manera más explícita?"
Ese cambio de perspectiva es importante.
Algunas habilidades sociales que pueden necesitar mayor apoyo
1. Tomar la perspectiva de otra persona
Tomar perspectiva significa comenzar a comprender que otra persona puede pensar, sentir o interpretar una situación de manera diferente.
Un niño puede tener buenas intenciones y, aun así, no darse cuenta de cómo sus palabras o comportamientos están siendo recibidos. Por ejemplo, puede hablar durante varios minutos sobre su videojuego favorito sin notar que su compañero ya perdió interés.
En vez de decir:
"¡Deja de hablar tanto!"
podemos ayudarlo a observar:
"Cuéntame qué notaste en la cara de tu amigo mientras estabas hablando. ¿Crees que quería seguir escuchando o quizás quería tener un turno para hablar?"
No buscamos avergonzarlo. Buscamos desarrollar conciencia.
2. Leer el contexto
Las reglas sociales cambian dependiendo del lugar y de las personas. Lo que hacemos en casa puede ser diferente de lo que hacemos en el salón de clases. Un chiste apropiado con un amigo quizás no sea apropiado durante una presentación escolar.
Por eso, podemos enseñar a los niños a hacer una pequeña pausa y preguntarse:
- ¿Dónde estoy?
- ¿Quién está conmigo?
- ¿Qué está ocurriendo?
- ¿Qué se espera en este momento?
Estas preguntas convierten algo abstracto como "compórtate apropiadamente" en información que el niño puede aprender a observar.
3. Flexibilidad cognitiva: cuando el plan cambia
Las amistades requieren negociación. Un niño quiere jugar fútbol. El otro quiere jugar escondite. Un niño quiere construir un castillo. El otro quiere construir una carretera. Para mantener una relación, ambos tendrán que ceder, negociar o crear una nueva idea.
Esto puede ser particularmente difícil para algunos niños con TDAH. Por eso, podemos practicar frases como:
- "Primero hacemos tu idea y después la mía."
- "¿Podemos combinar las dos ideas?"
- "No era mi plan, pero puedo intentarlo."
- "Hoy tú escoges y la próxima vez escojo yo."
La flexibilidad también se aprende.
4. Reciprocidad: una amistad necesita espacio para dos
Las relaciones saludables tienen un intercambio. Yo hablo y tú hablas. Yo comparto algo que me gusta y también escucho lo que te gusta a ti. Algunas veces escogemos mi actividad y otras veces escogemos la tuya.
Un niño puede estar tan emocionado con un tema que no se dé cuenta de que ha dominado toda la conversación. Los padres pueden practicar en casa:
"Cuéntame algo durante dos minutos y después me haces una pregunta."
También podemos enseñar preguntas sencillas:
- "¿Y tú qué piensas?"
- "¿Qué hiciste este fin de semana?"
- "¿Qué juego te gusta?"
No se trata de enseñar al niño a fingir quién es. Se trata de ampliar las herramientas que tiene para conectarse con otras personas.
5. Impulsividad e inatención también pueden aparecer en las amistades
El TDAH no desaparece cuando un niño está jugando. La impulsividad puede hacer que interrumpa, responda antes de tiempo, diga algo sin considerar cómo sonará o tenga dificultad esperando su turno. La inatención puede hacer que parezca que no está escuchando, aunque esa no sea su intención.
Por eso es importante diferenciar entre intención e impacto. Podemos decir:
"Sé que no querías hacerlo sentir mal. Vamos a pensar qué ocurrió y cómo podemos repararlo."
Esto permite mantener responsabilidad sin convertir el error en vergüenza.
¿Cómo pueden verse estas dificultades en niños pequeños y de edad escolar?
Algunos padres pueden observar que su hijo:
- intenta controlar constantemente el juego;
- habla principalmente sobre sus propios intereses;
- tiene dificultad durante recreos u otros momentos poco estructurados;
- hace amigos rápidamente, pero le cuesta mantener esas amistades;
- se apega intensamente a un nuevo amigo;
- se relaciona mejor con adultos o niños menores;
- tiene dificultad reconociendo cómo su comportamiento afecta a otros.
Estas señales no significan automáticamente que exista un problema grave. Son información que podemos observar para determinar dónde el niño necesita acompañamiento.
¿Y durante la adolescencia?
Cuando los niños crecen, las relaciones sociales se vuelven más complejas. Ya no basta con acercarse y preguntar: "¿Quieres jugar?" Aparecen grupos sociales, mensajes de texto, redes sociales, humor, expectativas implícitas, conflictos, lealtades y conversaciones mucho más complejas.
Algunos adolescentes pueden comenzar a aislarse, refugiarse principalmente en videojuegos o relaciones virtuales, mostrarse rígidos frente a las ideas de otros o decir que tienen amigos en la escuela pero no relacionarse con ellos fuera del ambiente escolar.
Aquí es importante acercarnos con curiosidad antes que con juicio. En vez de:
"¿Por qué nunca sales con nadie?"
podemos preguntar:
- "¿Cómo te estás sintiendo con tus amistades últimamente?"
- "¿Hay alguien con quien te gustaría tener una amistad más cercana?"
- "¿Hay alguna parte de hacer amigos que se te haga difícil?"
Padres: conviertan la vida cotidiana en práctica social
No necesitamos sentar al niño todos los días para darle una "clase de habilidades sociales". La vida diaria ofrece oportunidades constantemente.
En el supermercado podemos preguntarle:
"¿Qué notas que está pasando aquí?"
Después de una fiesta:
- "¿Qué parte disfrutaste?"
- "¿Hubo algún momento incómodo?"
- "¿Qué crees que funcionó bien?"
Después de un conflicto:
- "¿Qué pasó primero?"
- "¿Qué estabas sintiendo?"
- "¿Qué crees que estaba sintiendo tu amigo?"
- "Si pudieras repetir ese momento, ¿qué harías diferente?"
Estamos ayudando al cerebro a practicar reflexión, perspectiva y resolución de problemas.
Reconozca el esfuerzo, no solamente el resultado
A veces prestamos tanta atención a corregir comportamientos que olvidamos señalar los momentos en que el niño sí utiliza una habilidad nueva. Reconozca cuando espera. Cuando escucha. Cuando intenta algo que otro niño escogió. Cuando tolera perder. Cuando acepta una idea diferente. Cuando pregunta cómo está otra persona. Cuando repara después de cometer un error.
Podemos decir:
"Noté que querías seguir jugando tu juego, pero aceptaste probar la idea de tu amigo. Eso requirió flexibilidad."
Este tipo de reconocimiento ayuda al niño a identificar exactamente qué hizo bien.
Ayúdelo a recordar sus experiencias positivas
Algunos niños recuerdan con mucha intensidad una experiencia social negativa y olvidan rápidamente experiencias que sí fueron agradables. Las fotografías pueden ser una herramienta maravillosa.
"Mira esta foto del campamento. ¿Te acuerdas de cuánto te reíste ese día?" "¿Qué fue lo que más disfrutaste?" "¿Con quién estabas jugando?"
Ayudar al niño a reconstruir esos recuerdos puede fortalecer su confianza para volver a intentarlo.
Las actividades también pueden crear oportunidades de conexión
Deportes, arte, música, clubes, grupos comunitarios y otras actividades pueden facilitar amistades porque ofrecen algo muy importante: un interés compartido.
Sin embargo, no todos los niños necesitan el mismo ambiente. Para algunos, un grupo grande puede resultar abrumador. Otros se desenvuelven mejor con uno o dos compañeros. El objetivo no debe ser tener muchos amigos. El objetivo es desarrollar relaciones seguras, recíprocas y significativas.
Una mirada informada por trauma: corregir sin avergonzar
Cuando un niño escucha constantemente:
- "Eres demasiado."
- "Siempre molestas."
- "Nadie va a querer jugar contigo."
- "¿Por qué no puedes comportarte como los demás?"
puede comenzar a transformar una dificultad en una identidad: "Algo está mal conmigo." Ahí debemos tener mucho cuidado. Podemos establecer límites y enseñar responsabilidad sin atacar la identidad del niño.
En lugar de:
"Eres mandón."
podemos decir:
"Veo que tienes una idea muy clara de cómo quieres jugar. Ahora vamos a practicar cómo incluir las ideas de los demás."
En lugar de:
"Nadie va a querer ser tu amigo si sigues así."
podemos decir:
"Las amistades necesitan que ambos tengan espacio. Vamos a practicar cómo hacerlo."
La diferencia parece pequeña, pero emocionalmente puede ser enorme.
Una conducta también es comunicación
Desde una perspectiva del desarrollo infantil y sensible al trauma, una pregunta poderosa para padres y cuidadores es: ¿Qué me está comunicando esta conducta?
Quizás el niño necesita:
- más estructura,
- más práctica,
- regulación emocional,
- preparación antes de una situación social,
- ayuda interpretando el contexto,
- una oportunidad para reparar,
- o simplemente un adulto que le enseñe aquello que todavía no sabe hacer.
No debemos confundir "todavía no puede hacerlo consistentemente" con "no quiere hacerlo."
Finalmente: no busquemos perfección social
El desarrollo no ocurre en línea recta. Un niño puede manejar maravillosamente una situación social hoy y tener muchas dificultades mañana. El cansancio, hambre, estrés, sobreestimulación, cambios de rutina, emociones intensas y demandas del ambiente pueden afectar su capacidad de utilizar habilidades que sí posee.
Nuestro trabajo como adultos no es criar niños que nunca cometan errores sociales. Es ayudarlos a desarrollar suficiente seguridad y conciencia para poder decir:
- "Esto no salió como esperaba."
- "Puedo intentarlo de otra manera."
- "Puedo reparar cuando lastimo a alguien."
- "Puedo escuchar y también expresar lo que necesito."
- "Puedo aprender a ser un buen amigo sin dejar de ser yo."
Y quizás ese sea uno de los mensajes más importantes que podemos ofrecerles: Las habilidades sociales no definen el valor de un niño. Son habilidades que se desarrollan, se practican y se fortalecen con experiencias, acompañamiento y tiempo.
Para padres y cuidadores
Si observa dificultades persistentes que están causando aislamiento, angustia emocional, conflictos frecuentes o afectando significativamente la vida escolar y familiar de su hijo, considere conversar con su pediatra, profesional de salud mental, escuela u otro especialista del desarrollo infantil.
Buscar apoyo no significa que hemos fallado como padres. Significa que estamos tratando de comprender qué necesita el niño para continuar creciendo.
— Priscilla Rodriguez, M.S., IMH-E®
Fuente e inspiración educativa: Este blog fue desarrollado como contenido educativo original a partir de conceptos sobre TDAH, funciones ejecutivas sociales y desarrollo de amistades presentados en el artículo "The Social Executive Function Skills That Elude Kids with ADHD," de Ryan Wexelblatt, LCSW, publicado por ADDitude. El contenido ha sido reorganizado, ampliado y reinterpretado desde una perspectiva de desarrollo infantil, educación familiar y cuidado informado por trauma. Este material tiene fines educativos y no sustituye una evaluación, diagnóstico o tratamiento individualizado por un profesional de salud.
