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    Educación

    De las amistades también se aprenden: cuando familias y educadores trabajan juntos

    Priscilla Rodriguez, MS, ECMHC

    Author

    September 23, 2026
    8 min read
    De las amistades también se aprenden: cuando familias y educadores trabajan juntos

    Cuando pensamos en el desarrollo de nuestros niños, muchas veces hablamos de lectura, matemáticas, escritura, comportamiento o rendimiento académico. Sin embargo, existe otra área del desarrollo que puede tener un impacto enorme en cómo un niño se siente consigo mismo y con los demás: la capacidad de crear y mantener relaciones saludables.

    Para algunos niños, especialmente aquellos con ADHD o dificultades relacionadas con las funciones ejecutivas, hacer amigos puede ser más complicado de lo que parece. Un niño puede querer profundamente pertenecer, jugar y tener amistades y, al mismo tiempo, tener dificultad para interpretar determinadas señales sociales, esperar su turno, manejar una diferencia de opinión, entrar apropiadamente en un juego que ya comenzó o darse cuenta de cómo sus acciones están siendo recibidas por los demás.

    El artículo de ADDitude sobre habilidades sociales y amistades en niños con ADHD nos invita a mirar estas situaciones desde una perspectiva diferente: muchas de estas habilidades pueden enseñarse, practicarse y fortalecerse.

    Niños jugando juntos cooperativamente en un aula

    Cuando "hacer amigos" requiere muchas habilidades a la vez

    Para un adulto puede parecer sencillo acercarse a otra persona y comenzar una conversación. Para un niño, ese momento puede requerir múltiples habilidades funcionando simultáneamente.

    Tiene que observar lo que está sucediendo, decidir cuándo acercarse, escuchar, controlar el impulso de interrumpir, pensar en lo que la otra persona podría estar sintiendo, tolerar que el juego no ocurra exactamente como desea y ajustar su comportamiento según la respuesta de los demás.

    El artículo destaca habilidades relacionadas con la perspectiva social, la flexibilidad, la conversación, la interpretación del contexto y la capacidad de reconocer cómo nuestro comportamiento afecta a otras personas.

    Por eso, cuando un niño tiene dificultades socialmente, decirle simplemente "ve y juega," "haz amigos," "tienes que compartir" o "no interrumpas" puede no ser suficiente.

    Es parecido a decirle a un niño que todavía está aprendiendo a leer: "Lee mejor."

    Necesitamos identificar qué parte de la habilidad todavía necesita enseñanza y práctica.

    Aquí es donde padres y educadores se necesitan mutuamente

    Un maestro puede observar cosas que quizás nunca aparecen en casa.

    Puede notar que el niño quiere participar, pero no sabe cómo entrar en un grupo. Puede observar que durante actividades estructuradas funciona muy bien, pero durante el recreo tiene dificultades. Puede notar que habla constantemente sobre sus propios intereses sin darse cuenta de que otro niño quiere cambiar de tema.

    La familia, por otro lado, conoce una parte del niño que posiblemente la escuela no vea.

    Los padres conocen sus intereses, aquello que lo motiva, cómo responde cuando se siente seguro, qué situaciones lo sobrecargan y qué estrategias funcionan en casa.

    Ninguna de estas perspectivas está completa por sí sola.

    Maestra y padre colaborando y conversando sobre el desarrollo del niño

    Cuando familias y educadores comparten observaciones sin culparse unos a otros, podemos comenzar a hacer preguntas mucho más útiles:

    ¿Cuándo ocurre? ¿Con quién? ¿Qué estaba pasando antes? ¿Hay momentos en los que sí logra conectarse exitosamente? ¿Qué estaba diferente en esos momentos? ¿Qué habilidad específica parece necesitar más apoyo?

    Entonces dejamos de mirar solamente el comportamiento y comenzamos a comprender la necesidad detrás del comportamiento.

    Seamos creativos: socializar no tiene que parecer igual para todos

    Esta es posiblemente una de las partes más importantes.

    No todos los niños van a desarrollar habilidades sociales sentados frente a un adulto hablando sobre cómo hacer amigos.

    El artículo también señala el valor de las actividades extracurriculares para ofrecer oportunidades de interacción con pares. Eso abre una puerta enorme para padres y educadores: utilizar los intereses del niño como puente hacia la conexión.

    • Un niño que ama LEGO puede practicar cooperación construyendo algo con otro niño.
    • Un niño que ama los videojuegos puede practicar turnos, comunicación y resolución de problemas mediante un juego cooperativo apropiado para su edad.
    • Un niño interesado en animales puede sentirse mucho más cómodo conectándose con otros niños en un club relacionado con animales.
    • Otros pueden encontrar su espacio mediante arte, música, baile, deportes, ajedrez, ciencia, cocina, robótica o actividades comunitarias.

    El objetivo no tiene que ser convertir al niño en "más sociable".

    El objetivo puede ser ayudarlo a encontrar contextos donde tenga mayores oportunidades de conectar auténticamente con otras personas.

    Practicar antes del momento difícil

    También podemos practicar habilidades sociales cuando el niño está tranquilo, en lugar de esperar hasta que ocurra un problema.

    En casa podemos hacer pequeños role plays:

    "Imagínate que llegas al recreo y dos niños ya están jugando. ¿Qué podrías decir?"

    Podemos practicar diferentes respuestas.

    • "¿Puedo jugar con ustedes?"
    • "¿Qué están jugando?"
    • "¿Necesitan otra persona?"

    También podemos practicar qué hacer si la respuesta es no.

    Porque enseñar habilidades sociales no significa garantizar que cada interacción será positiva. También significa ayudar a nuestros niños a manejar la decepción, recuperarse y comprender que un momento difícil no determina su valor ni significa que nadie quiera ser su amigo.

    Reconozcamos lo que sí está funcionando

    Existe otra oportunidad importante para familias y educadores: comunicar los éxitos.

    No esperemos solamente hasta que exista un problema para hablar.

    Un mensaje sencillo de un maestro puede ser tremendamente útil:

    • "Hoy lo vi invitar a otro estudiante a participar."
    • "Esperó su turno durante el juego."
    • "Tuvo un desacuerdo y logró resolverlo."

    La familia entonces puede reforzar esa experiencia en casa:

    "Tu maestra me contó lo que pasó hoy. ¿Cómo hiciste eso?"

    Ahora el niño no solamente escucha que hizo algo bien. Está comenzando a identificar qué estrategia utilizó, aumentando la posibilidad de volver a usarla.

    Cambiemos la pregunta

    Cuando un niño tiene dificultades académicas, buscamos estrategias educativas.

    Cuando tiene dificultades del habla, consideramos apoyo para la comunicación.

    Cuando tiene dificultades motoras, practicamos esas habilidades.

    Entonces, cuando existen dificultades sociales, también podemos adoptar una mirada de enseñanza y desarrollo.

    En lugar de comenzar con:

    "¿Por qué se comporta así?"

    podemos preguntarnos:

    "¿Qué habilidad todavía está desarrollando?"

    Y después:

    "¿Cómo podemos ayudarle a practicarla?"

    Esta pequeña diferencia puede transformar completamente la conversación entre padres, maestros y niños.

    Porque detrás de muchas conductas que los adultos interpretamos como "no quiere escuchar", "quiere controlar todo", "interrumpe demasiado" o "no sabe jugar con otros" puede existir un niño que todavía está aprendiendo a navegar un mundo social bastante complejo.

    La unión hace la diferencia

    Las familias no deberían tener que hacerlo solas.

    Los educadores tampoco.

    Cuando padres, maestros, profesionales y comunidad trabajan como equipo, podemos compartir información, identificar fortalezas, practicar habilidades y crear oportunidades reales de conexión.

    Y, sobre todo, podemos recordar algo fundamental:

    No todos los niños necesitan aprender de la misma manera, socializar de la misma manera ni tener el mismo tipo de amistades.

    • Algunos necesitarán más tiempo.
    • Algunos necesitarán más práctica.
    • Algunos necesitarán ambientes diferentes.
    • Y otros simplemente necesitarán encontrar su gente.

    Nuestra responsabilidad como adultos no es obligarlos a encajar.

    Es acompañarlos, enseñarles habilidades, ofrecerles oportunidades y ser suficientemente creativos para ayudarles a descubrir dónde pueden sentirse seguros, valorados y conectados.

    Porque las habilidades sociales también se enseñan. Las amistades también se cultivan. Y cuando familia y escuela trabajan juntas, creamos muchas más oportunidades para que nuestros niños puedan crecer y conectar.

    — Priscilla Rodriguez, M.S., IMH-E®

    Artículo original de ADDitude: Social Skills for Kids & Friendships with ADHD

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